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Las reservas de hoteles son un fiel reflejo de la actividad económica mundial

La crisis económica mundial que comenzó hacia el 2008 afectó de manera similar a casi todos los rubros de actividad. Y dentro del escenario económico, la industria de la hospitalidad –hotelería, viajes y todos los servicios relacionados- no es ajena a los vaivenes de los avatares de la actividad económica. De hecho, las cifras de la actividad turística y las reservas hoteleras son un indicador de la actividad en general y de la economía de la región.

Las últimas cifras de reservas de hotel, especialmente en los destinos turísticos tradicionales, muestran indubitablemente, signos de una lenta recuperación. Y eso es un muy buen síntoma de reactivación, porque significa que los consumidores están volcándose nuevamente a los viajes por placer y al turismo en general. De esto se deriva que el excedente de dinero circulante que los consumidores tienen en su poder, termina destinado, entre otras cosas, al turismo y al ocio.

Cuando las reservas de hotel aumentan, los servicios de transporte también aumentan, así como las economías regionales. El constante flujo turístico revitaliza grandemente las pequeñas industrias de servicios de cada localidad, lo que hace que toda la economía en sí se regenere. De hecho, el turismo es parte de la política de muchos estados, que ven , con gran sabiduría, como de la mano de los ingresos por este rubro, se activan muchas industrias no directamente relacionadas con el ocio y los viajes de placer.

Una ley económica define que aquellos países que más ingresos reciben por reservas de hotel y turismo en general, son también aquellos países que más invierten, en infraestructura y servicios, a fin de poder brindar más y mejores prestaciones a los visitantes. Esto es un verdadero círculo virtuoso, porque al invertir más, se brindan mejores posibilidades de prestar servicios y valor agregado al turismo, lo que genera un incremento del flujo turístico, y más ingresos.

La actividad turística, tal vez más que otros rubros de actividad, muestran tendencias estacionales muy marcadas. A tal punto es así que se suele dividir el año calendario en dos partes: la temporada alta y la temporada baja, dependiendo cada una de ellas de los atractivos naturales del lugar. En consecuencia, es de esperar que las  reservas de hotel y los volúmenes de actividad económica fluctúen de forma cíclica. Es por esta razón que para poder detectar crecimiento en la actividad se necesita medirla en períodos anuales. Y justamente es este último período anual que nos hace esperar que lo peor ya haya pasado y que en los períodos sucesivos el turismo y toda la industria de la hospitalidad muestren francos síntomas de crecimiento.

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